Antes de dedicarme por completo a la pastelería, trabajé durante muchos años en áreas vinculadas a procesos y calidad. Esa experiencia me enseñó algo que hoy aplico todos los días en mi obrador: la excelencia no depende de la suerte ni de la inspiración del momento. Depende de la capacidad de construir sistemas que permitan alcanzar el mismo resultado una y otra vez.

Puede parecer poco romántico hablar de estandarización cuando se trata de una pastelería de autor. Sin embargo, para mí es exactamente lo contrario. Porque cuando alguien prueba un producto de una marca y se enamora de él, genera una expectativa. Espera volver a encontrar ese mismo sabor, esa misma textura y esa misma calidad la próxima vez. Y también la siguiente.

 

 

 

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